REPENSAR LA EVALUACIÓN DE LA CAPACITACIÓN

INTRODUCCIÓN

En la actualidad ha cobrado importancia creciente la problemática relacionada con la evaluación de la capacitación y su impacto en el desempeño individual y organizacional; de manera que se ha constituido en elemento clave para cualquier dispositivo de formación que se desarrolle en una organización cualquiera.

En el caso cubano la cuestión adquiere mayor relevancia en la medida en que los nuevos cambios y perspectivas de formación general integral de los individuos se ha convertido en el paradigma educativo, consecuente con el desarrollo actual de la sociedad cubana.

La temática es controvertida y existen diversos, repetidos y singulares enfoques que avalan el interés que a nivel internacional ha despertado la etapa de evaluación, insoslayable para cualquier proceso que quiera demostrar su eficacia e imprescindible cuando se trata de dispositivos de formación.

A tenor con el creciente interés y estudio del problema presentamos en estas páginas el resultado de investigaciones realizadas que, teniendo en cuenta las características del evento; constituyen solo la esencia de reflexiones y análisis  realizados hasta el momento y nos han permitido definir  diversos términos utilizados indistintamente para referirse a una misma problemática, y que para poder llegar a una uniformidad de criterios fue preciso su conceptualización.

Por otra parte, se presenta un modelo de medición de impacto concebido como un continuon, perspectiva que nos permite abordar la etapa a lo largo de todo el proceso e integrar cada uno de los momentos que interviene en ella. De igual modo hacemos referencias a otros modelos utilizados a los cuales le señalamos las que creemos constituyen debilidades y que en ocasiones nos han hecho caer en sus propias trampas.

Esperamos compartir nuestros criterios para que lleguen a convertirse en un modesto aporte a los esfuerzos que se realizan para la creación de la Escuela Cubana de Dirección





Repensar la evaluación de la capacitación.

Tema recurrente en la actualidad, en  todo el mundo, cuando se trata de la formación en las organizaciones; lo constituye el relacionado con el seguimiento y la evaluación de la capacitación, sobretodo a directivos  y su impacto en la organización.

Una de las cuestiones con las que nos tropezamos a la hora de abordar el tema es que aparecen diversos términos que no hacen distinciones en sus significados; podemos encontrar vocablos como: resultado, efecto, impacto; indistintamente utilizados.

Partimos del criterio de que para poder llegar a una valoración objetiva y consecuente de lo que consideramos constituye el impacto de la capacitación, deben establecerse distinciones entre uno y otro términos; puesto que para nosotros cada uno de ellos está en correspondencia con una etapa bien definida de todas las que integran un proceso de capacitación. Se hace necesario, entonces, asumir y adaptar sus acepciones a nuestro objeto.

Resultado, según el Diccionario de La Lengua Española (1995), significa “efecto y consecuencia de un hecho, operación o deliberación”.

El vocablo está en correspondencia con los cambios cualitativos y cuantitativos producidos por la acción, en relación directa con los objetivos y deben encontrarse previamente definidos; es decir, una mirada centrada en la propia capacitación. Como puede observarse, la consecuencia inmediata y directa del proceso de enseñanza aprendizaje, su evaluación, partiendo de objetivos previamente definidos; me proporcionará los datos que consideramos como resultado.

La Enciclopedia Espasa Calpe, S.A. (1995) cita entre las acepciones del término efecto las siguientes:

  • Lo que sigue por virtud de una causa.
  • Impresión hecha en el ánimo.
  • Fin para que se hace una cosa. El efecto que se desea, lo destinado al efecto.
  • Sentir efecto, dar una medida...

Efecto, son las incidencias de la acción sobre los medios físicos y humanos circundantes. Ellos conjugan los resultados de la acción con otras dinámicas o limitaciones propias del lugar donde se desarrolla la acción.

El efecto de la capacitación lo concebimos como el grado en que se modifica el comportamiento del individuo y el desarrollo de determinadas destrezas,  habilidades y actitudes que puede aplicar en su situación laboral.

La evaluación del efecto se convierte en tarea difícil si tenemos en cuenta que depende de dos factores: la capacitación y el medio en que se desenvuelven, a saber; la organización; en la que los dispositivos encargados de la capacitación, por múltiples razones, no establecen de antemano adecuadamente los objetivos de esta y los efectos esperados, de manera que no cuentan con un referente formalizado que les permita controlarlos debidamente; a lo anterior pueden adicionarse otras cuestiones; tales como:

  • Considerar como beneficiarios directos de la capacitación solo a los capacitados y no a todo el personal.
  • La aplicación de los conocimientos y habilidades adquiridas resultan difíciles de identificar con precisión.
  • Las acciones de capacitación conducidas en diferentes momentos, con diversos programas y por distintos centros pueden sesgar los resultados.

Al intentar evaluar el impacto de la capacitación de los directivos se ha reducido el análisis a la evaluación del proceso enseñanza aprendizaje, o sea; a los resultados y en  algunos casos a su efecto, de donde lo obtenido no se corresponde exactamente con el impacto producido; pues no incluye los cambios actitudinales perdurables en los hombres, las organizaciones y su incidencia en la sociedad. La valoración que se realiza resulta, por tanto, focalizada puntualmente en dos etapas del proceso sin considerar otras variables que intervienen en él.

Teniendo en cuenta esta idea inicial, cuando hablamos de impacto de la capacitación  nos referimos a una situación que produce un conjunto de cambios significativos  y duraderos, positivos o negativos, previstos o imprevistos, en la vida de las personas, las organizaciones y la sociedad. Dicho de otro modo, la evaluación del impacto es un juicio de valoración sobre la dinámica de los cambios cuantitativos y cualitativos operados en las personas y las organizaciones beneficiadas por la acción de capacitación estableciendo un vínculo de causalidad directo o indirecto.

La rápida evolución del término impacto ha influido en que se utilice esta palabra para definir los cambios producidos por una acción sobre la economía, la población, el medio ambiente y otras variables seleccionadas.

Una de las acepciones del término (Diccionario de La Lengua Española, 1995) es, precisamente, “huella o señal que deja”. Así, el impacto debe verse como:

·         Conjunto de cambios: conjunto de los resultados y los efectos.

·         Cambios significativos: importancia que implican los cambios

·         Cambios durables: permanencia después de la acción, considerando un margen de incertidumbre que debe asumir con el tiempo.

·         Cambios positivos y negativos: incluye a ambos en relación con el sistema de referencia o estándares previamente seleccionados.

·         Cambios previstos e imprevistos: incluye interferencias, respuestas espontáneas y otras acciones en curso.

·         Cambios en la vida de las personas, las organizaciones y la sociedad: tiene en cuenta los cambios a estos niveles debido a que generalmente son diferentes por el uso que hagan de lo aprendido.

·         Cambios con vínculos de causalidad directa o indirecta con la superación y la capacitación: debe establecerse previamente la relación con la acción para que puedan establecerse con certeza.

Las diferentes visiones sobre el impacto antes compartidas apuntan a que la evaluación del impacto es siempre un empeño difícil pero necesario, en el cual debe considerarse la complejidad de la relación entre la acción de superación y las personas que son afectadas por ella, por eso se debe distinguir lo significativo para ponderar convenientemente la importancia de los cambios a partir de un sistema de referencia compartido.

La diversidad de enfoques ayuda a constatar que la medición del impacto debe hacerse desde una perspectiva multifactorial que integre las personas, los objetivos establecidos, las acciones de capacitación, importancia de los cambios operados; comparado con un sistema referencial compartido y establecido de antemano.

En el siguiente gráfico puede observarse cómo se toman momentos previos como referentes: los resultados y los efectos.

 La evaluación permite medir a lo largo de todo el proceso los resultados y los efectos que  en su conjunto son el impacto, como consecuencia de la capacitación. De esta manera resulta menos complejo establecer la brecha entre la evaluación previa y la evaluación de lo aplicado, para determinar los efectos duraderos y la influencia de la capacitación en las transformaciones que se operan en el individuo, la organización y la sociedad.

Gráfica No 1. Momentos claves de la evaluación.


                                                                                              EFECTOS
Evaluación de
impacto
 
Evaluación del curso
 
Evaluación de lo aplicado
 
Capacitación
 

Resultados

 
Evaluación previa
 
 





                                                                                              EFECTOS
 





FUENTE: Colectivo de autores SIDISED, 2002

Claro está que la evaluación de impacto, además, debe considerar la interacción entre la capacitación y el conjunto de personas que es afectado por ella.

Generalmente, la complejidad de la situación requiere se seleccione lo más significativo para, a partir de ahí, comparar con el sistema de referencia los cambios operados, ponderando su importancia.

La evaluación del impacto debe permitir:

·         Establecer la utilidad de la capacitación durante su ejecución.
·         Definir las orientaciones y el seguimiento que debe darse a la capacitación.
·         Mejorar la calidad de las acciones futuras.

Conocer con precisión el impacto de la capacitación requiere una adecuada recopilación y valoración frecuentes de datos que suministren informaciones sobre:

  • Calidad de la información.
  • Calidad de la valoración de los resultados y de la identificación de los efectos.
  • Calidad de variables e indicadores seleccionados de acuerdo al sector o rama a que pertenece la organización.
  • Calidad de la síntesis y el análisis sistémico.

Y estos respondan a una proyección en sistema, cuyos resultados deben analizarse teniendo en cuenta multiplicidad de variables que abarquen toda la realidad organizacional.


Muchos estudiosos han abordado la problemática de la evaluación de la capacitación desde diferentes posiciones, con resultados de mayor o menor relevancia.

Quizás uno de los modelos más seguido y utilizado es el establecido por Donald Kirkpatrick que aparece en 1975, resultado de anteriores estudios y de una serie de cuatro artículos que fueron publicados entre 1959 y 1960, recogidos en Evaluating Training Programs, colección compilada por el autor para las páginas del ASTD Journal.[1]

A pesar de lo expandido del modelo y del vuelco que significó para el análisis de la problemática, no está exento de debilidades.

El autor establece cuatro niveles de evaluación que presentamos a continuación:

Primer nivel: Reacción. Satisfacción del capacitando con las acciones de capacitación..

Segundo nivel: Aprendizaje. ¿Qué se aprendió y asimiló en las sesiones?

Tercer nivel: Comportamiento. Influencia en el desempeño.

Cuarto nivel: Impacto en la organización. Reducción de costos, reducción de la fluctuación y ausentismo del personal, reducción de quejas, incremento de la productividad, en cantidad y calidad, mejora de la calidad.

Como puede observarse en el modelo de Kirkpatrick, los puntos uno, dos y tres se centran en el individuo, mientras que el cuarto se orienta hacia los cambios en el negocio.

I.    La reacción, concebida tradicionalmente, es medida al final de la capacitación como la percepción de la efectividad de las acciones. La medición se centrará por lo general en la evaluación del cumplimiento de objetivos y contenido del curso, diseño, actividades, materiales, métodos, actuaciones de profesores, etc. Este análisis nos conduce por una apreciación sumativa que se lleva a cabo una vez concluidas las acciones de capacitación; cuando en realidad la reacción puede irse midiendo a lo largo de todo el proceso, fundamentalmente por la propia apreciación del profesor; por otra parte, durante algún tiempo después de transcurrido el proceso, los formandos aun continúan expresando sus reacciones en su situación laboral; de manera que concebir la evaluación de la reacción solo al final del proceso, limitaría el alcance de la información que esta etapa de evaluación nos podría proporcionar.

A esto hay que añadir que es muy común que en este momento se obvien las opiniones de los formadores, de los responsables de la formación y, sobre todo, no se tome en cuenta el papel de los capacitandos, es decir, no se evalúan sus esfuerzos y aportes.

En la práctica se descubren errores que se cometen en esta etapa de la evaluación:

§  Aplicación de cuestionarios u otras técnicas  en los últimos momentos o solo posterior a la acción formativa, de forma atropellada y sin la atención necesaria.
§  No se explica adecuadamente la importancia de dicha evaluación.
§  Se estandarizan los cuestionarios de manera rutinaria, lo cual aísla el verdadero sentido e interés de lo que se quiere evaluar.
§  El diseño y aplicación de las técnicas generalmente se realiza por los propios instructores presentes frente al grupo, lo cual puede ocasionar sesgos en las valoraciones.
§  Se realizan análisis superficiales de lo resultados.

II.    El aprendizaje, concebido como la asimilación de nuevos conocimientos, el grado en que los capacitandos han logrado alcanzar los objetivos de aprendizaje declarados; no puede establecerse como definitivo y como resultado de la formación si no se ha investigado el conocimiento de entrada de los capacitandos, de esta situación se deriva la necesidad de  medir el conocimiento antes, durante y después de las acciones de capacitación.

Aunque no está incluido en el modelo de Kirkpatrick, desde este instante podemos anticipar la utilidad de los nuevos conocimientos y sus posibilidades, ventajas y desventajas de su aplicación; de manera que no necesariamente deben esperar momentos posteriores para conocer la factibilidad de la aplicación de los conocimientos. Esto nos llama a reflexionar acerca de los riesgos que entraña limitar la perspectiva temporal a evaluar en uno u otro momento  las acciones de capacitación y su utilidad, de manera que es necesario interactuar desde la temporalidad con la utilidad de los nuevos conocimientos alcanzados.

III.    Existe la tendencia de medir los cambios en el comportamiento teniendo en cuenta si los formandos están “utilizando en su trabajo las competencias desarrolladas, cuya finalidad es determinar si los participantes han transferido a su trabajo las habilidades y el conocimiento adquirido…”[2]

Para valorar estos cambios deben ser mantenidos en las mentes de los formandos para transferirlos o no a su situación de trabajo; pero no pueden ser evaluados solo en este momento de desempeño del individuo; también pueden medirse durante el proceso de capacitación, teniendo en cuenta que cualquier dispositivo de formación debe tender cada vez más a crear un ambiente adecuado que coadyuve al aprendizaje y a su transferencia al puesto de trabajo si se tienen en cuenta los principios de la andragogía; esto sería una forma anticipada y útil para conocer los cambios que se van generando.

Para ello es necesario contar con las características personales de los participantes y los factores situacionales.

Las características personales ayudan a comprender si los capacitandos presentan “la habilidad para “poder hacer”  y la motivación para aprender y aplicar lo aprendido al contexto de trabajo : (querer hacer)”[3]

Considerar los factores situacionales implica “favorecer la participación de los formandos en el proceso formativo solicitando sus preferencias sobre los contenidos y los métodos de formación a utilizarse, permitiendo la libre elección de los cursos e informando sobre los contenidos reales del curso”[4]

Se aconseja la utilización de la técnica conocida como "vestibule training" que es el resultado de la combinación de técnicas on -the-job ( en el puesto) y off-the-job (fuera del puesto), pero siempre teniendo en cuenta la experiencia como recurso de aprendizaje y referente para relacionar aprendizajes nuevos.

Los sistemas de capacitación concebidos deben también influir el ambiente de trabajo del formando, de manera que  favorezcan el apoyo social dentro de la organización, garantizar los recursos, generar cultura organizacional que favorezca la transferencia al puesto y su mantenimiento.

Esta posición nos conduce a valorar el entorno de la formación, preferiblemente optamos por lugares y contenidos que se relacionen con el puesto de trabajo y las necesidades de los formandos, de manera que el aprendizaje se transforme en una experiencia que ocurre en interacción con un contexto o ambiente que debe semejarse cada vez más al entorno del puesto de trabajo con el que cada  individuo interactúa y que de respuesta a objetivos establecidos inicialmente, para facilitar la transferencia.

Entonces podemos deducir  que la evaluación del comportamiento no solo se debe efectuar después de las acciones de capacitación; es necesario  tener en cuenta los conocimientos con que contaba cada formando para poderlo comparar con los adquiridos; así se manifiesta  nuevamente la necesidad de asumir la perspectiva temporal de evaluar conocimientos antes, durante y después.

IV.Resultados: No se  cuenta tampoco con una definición formal para este elemento del modelo. Se concibe a partir de indicadores estadísticos  relacionados con reducción de costos, reducción de la fluctuación y rotación de personal, ausentismo, disminución de quejas, crecimiento en cantidad y calidad, productividad y un único indicador cualitativo vinculado con la  ética de la organización.

Estos elementos también pueden evaluarse en el ámbito personal, o sea; en el comportamiento del individuo y su influencia en el puesto de trabajo.

Limitar la  evaluación de la capacitación y su impacto a medir solo en estos cuatro niveles sería reducir un proceso que puede estar condicionado y debe dar respuesta a múltiples factores traducidos en objetivos iniciales como verdaderos puntos referentes que permitan establecer la medición de lo logrado.

Quedarían  por evaluar aristas de la personalidad relacionadas con su "saber estar", entendida, según Fiol (2000); “como la capacidad para un manager de estar en relaciones armoniosas con los componentes de su entorno de trabajo, identificados como: contenido del puesto, superior jerárquico, colaboradores, colegas, tiempo, clientes y proveedores”[5]

En estos componentes del entorno de trabajo se intercala una abundante carga subjetiva presente en toda organización, de la cual depende sobremanera su desempeño.

En  la actualidad se experimenta un cambio en los paradigmas referidos a la capacitación y paralelamente se crea la necesidad de ver la evaluación de manera diferente.

Mientras la capacitación se ha ido desplazando de la satisfacción individual de los capacitandos  al perfeccionamiento del desempeño organizacional; la evaluación también transita por todos los niveles y necesita una ampliación de su propuesta. Otras variantes destacan la necesidad de darle a la capacitación un enfoque de cliente; puesto que en ella se involucra el individuo,  la unidad de negocio y toda la organización; por lo tanto, la gestión capacitación pasa de resolver problemas a prevenirlos. En este sentido la evaluación de la formación debe reflejar el grado de satisfacción de los clientes, información  crucial para continuar perfeccionando el desempeño organizacional. 

Son múltiples y variados los análisis y las propuestas que se realizan con el objetivo de establecer un modelo de evaluación de la capacitación en las organizaciones.

La problemática requiere un análisis integrado que permita verificar con certeza los beneficios obtenidos como resultado de la capacitación para los individuos y  la organización y esta evaluación no debe quedarse en la valoración del aprendizaje y las posibles actitudes asumidas por los formandos después de la capacitación, sino que  debe ser más abarcadora que permita llegar a establecer el impacto final de la capacitación y las consecuencias que trae para la organización y la sociedad.

OTRA DIMENSIÓN DE LA EVALUACIÓN: LA RENTABILIDAD DE LA FORMACIÓN (ROI).

El interés que en el entorno empresarial ha suscitado el tema de la rentabilidad de la formación está marcado por un sinnúmero de controversias que lo sitúan en posiciones extremas opuestas. Algunos consideran la validez única de evaluar  la rentabilidad de las acciones formativas  y la eficacia del retorno de la inversión; otros abrazan la versión de buscar en la evaluación de la formación  resultados relacionados con las puras actividades motivacionales sociales.

Ante tales disyuntivas y teniendo  en cuenta el cambio  del contexto en el que tienen que desarrollarse los negocios  que demandan nuevas perspectivas de gestión y cambios conceptuales, con respecto al éxito empresarial y a su mensurabilidad; se hace necesario optar por modelos que, asumiendo la idea de Mamolar (2000), deben ser “comprensivos e integradores de la complejidad del hecho formativo que pueden ser explicado sin excesivos costes para conocer la calidad y la efectividad de tales inversiones”. Quien más adelante añade: “O bien nos orientamos hacia un enfoque económico integrando la inversión formativa como un componente más de una inversión global – y utilizamos modelos de cálculo  de rentabilidad como los análisis  financieros de tipo pay-back     (período de recuperación), ROI (retorno de inversión) o VAN ( valor actual neto) – o como alternativa –por otro lado no excluyente- optamos por un enfoque en el que tomen peso las dimensiones cualitativas y la búsqueda de nuevos indicadores para impulsar el aprendizaje y crecimiento de la organización”[6]

Los que opten por la primacía de la evaluación de la rentabilidad de la inversión se refieren estrictamente a la aportación económica fundamentada en datos precisos y expresada en términos económicos financieros.

Evaluar la rentabilidad de la formación puede hacerse mediante la comparación de los ingresos con los costos. Sin embargo, si la determinación de los costos no entraña grandes dificultades; el cálculo de los ingresos es más complicado.

Cuando se habla de costos de formación pueden tenerse en cuenta, entre otros:

¨       Presupuestos
¨       Alquiler de locales
¨       Costos de impartición
¨       Costos de desplazamientos
¨       Costos de asistentes
¨       Costos de actividades no realizadas
¨       Otros

Al analizar la rentabilidad o el retorno de la inversión (ROI) de la formación, nos encontramos con dificultades en su determinación; puesto que son múltiples los factores que inciden en una mayor o menor generación de ingresos en un negocio:

 “Inicialmente la formación no genera una vía automática de ingreso explícito, tal como pueda ser la facturación de una empresa.

Hay que considerar también que la formación puede contribuir  a una generación de ingresos por distintas vías ramificadas que finalmente inciden en el conjunto general de ingresos de la empresa. Todo ello hace que la determinación de los ingresos sea un capítulo suficientemente complejo y difícil de establecer...”[7]

Este cálculo no resulta nada sencillo; puesto que se precisa identificar con veracidad las vías concretas por las que surgen los ingresos.

Según Mamolar (2000), “La rentabilidad económica es difícil comprobar en la práctica si se opta por aislar la inversión formativa de otras inversiones, materiales o no (tecnológicas, de investigación y desarrollo, de procesos), y de aspectos organizativos tanto internos como externos”[8]

Son múltiples las variables externas e internas que influyen en una organización que complejizan la evaluación de la rentabilidad económica de un dispositivo de formación: “no podemos saber con seguridad qué parte de la modificación producida corresponde a los efectos de la formación y qué se debe a los efectos de otras variables intervinientes”[9] (Pineda,1995).

“Decidir sobre formación – expresa Duart (2002) – significa empezar preguntándose por qué debemos hacerlo”[10]

En esta reflexión aparece un elemento clave para el diseño de cualquier dispositivo de formación, incluyendo su evaluación: los objetivos de formación, estrechamente vinculados con la finalidad que persigue la empresa, expresión genérica de sus estrategias, de manera que los objetivos están en línea con la consecución de esa finalidad.

Los objetivos deben expresarse en términos concretos respecto a lo que se persigue, reflejan los responsables de llevarlos a cabo, en qué tiempo y con cuáles indicadores se medirán los resultados obtenidos.

Las afirmaciones anteriores sitúan a los objetivos como el punto de partida para cualquier dispositivo de formación que se diseñe y ponga en práctica, ya que esta  puede fracasar  si no se realiza un adecuado análisis previo de las necesidades de aprendizaje, carencias, puntos débiles,  metas y objetivos que se pretenden alcanzar o mejorar, al invertirse en programas de formación.

Añádase a esto que la evaluación es un acto de valoración individual; por lo tanto, sus resultados están dirigidos a diferentes públicos, lo que le confiere cierto valor relativo, esta relatividad refuerza la idea de la necesidad de definir con exactitud los propósitos de la evaluación.

Por lo tanto, el diseño de un dispositivo de formación debe partir del conocimiento  de las necesidades de aprendizaje que permitan declarar los objetivos individuales en mutua correspondencia con la finalidad de la organización y así poder determinar los aspectos concretos  sobre los que una formación se supone va a actuar y se convierten en el principal referente  de la eficacia de la formación recibida.

La selección debe realizarse con la mayor rigurosidad posible; teniendo en cuenta la multiplicidad de factores externos e internos que pueden incidir en los resultados finales en una organización, de lo cual podemos inferir que aun haciendo una adecuada selección de los parámetros que se van a evaluar, estos pueden verse influidos por diversas circunstancias. Así, la formación debe verse como la determinación de líneas de acción que se deben establecer para solucionar debilidades y dar respuesta a necesidades concretas.

Al respecto apunta Carrasco (2003): "Hay que insistir en la idea de que, aunque hay muchas vías por las que la formación genera ingresos, nos tenemos que centrar en la que verdaderamente nos afecta por la existencia de un problema o una debilidad, y que la formación se quiere utilizar, usar y aplicar como solución al problema aplicado"[11]

Siguiendo la lógica de su análisis, el propio autor considera que para conocer la rentabilidad de un proceso de formación, se debe utilizar un método fácil y accesible que  parta de un punto inicial para alcanzar un determinado objetivo:

"El punto inicial es la situación en el momento actual, pero en una sola dimensión que coincida con la debilidad observada en la empresa, es decir, frente a problemáticas distintas se deberán seguir caminos distintos. Cada problema se deberá aislar y establecer el punto inicial  en el que se encuentra la empresa. Ello implica que, necesariamente, hace falta un diagnóstico global de la misma  que determine que cada una de las debilidades aparezcan cuantificadas como valoración de la situación actual".[12]

Para Duart (2002): "cuando hablamos del objetivo de la formación no estamos hablando de "mi" objetivo de la formación (ya sea director de formación, profesor o jefe de departamento), sino del de la organización. Y si sabemos que la finalidad de una empresa es la rentabilidad, podemos deducir que sus objetivos específicos deberán estar en línea con la consecución de esa finalidad y deberán ser concretos y cuantificables"[13]

El ROI (Return On Investment) es el resultado de calcular el retorno de una inversión habitualmente expresado en porcentaje. En el caso del retorno de una inversión en formación, su validez viene dada porque debe formar parte de la etapa de diagnóstico del sistema, o sea; un mecanismo "post antes" y no "post facto". Este retorno en cada una de las acciones particulares de formación que se realizan, debe estar considerado en  los objetivos iniciales propuestos, dicha concepción concreta facilita y mejora el análisis de los programas de formación,  adecuados a la situación global de la organización y que influyen en su desempeño y resultados.

El ROI de cualquier acción formativa pertenece a la etapa de su diseño y requiere coherencia con todo el proceso, de manera que la relación del diseño con los resultados arroje las mejores posibilidades de éxitos:

"Tomar conciencia del proceso de diseño de una acción formativa es sentar las bases  para su correcta implementación y evolución. Si, además, difundimos sus objetivos implicamos a sus participantes, así como a las personas que se van a ver afectadas por sus resultados; creemos que una parte del éxito está ya garantizada, (...). Conocer por qué me estoy formando, qué se espera de mí y cómo el resultado esperado va a incidir en mi trabajo y en el de la institución da sentido a mi esfuerzo formativo"[14]

La planificación de la evaluación de cualquier proceso de formación es un factor clave del éxito antes de la implementación del programa. O sea; el diseño de planificación y de evaluación deben hacerse de forma conjunta y no dejar el diseño de la evaluación a posteriori.

El hecho de evaluar el retorno de la inversión necesita partir del concepto de inversión y lo que este significa. Como explica Mamolar (2000): "Definimos el concepto de inversión como un tipo de gasto actual que se utiliza para incrementar la capacidad de producción o de conocimiento de una organización a medio plazo, es decir, para crear valor añadido. La diferencia en cuanto al gasto corriente es que este tiene un consumo actual, esto es, mantiene al día las condiciones de aprendizaje necesarias para la marcha de la organización. Los gastos corrientes en formación son como la energía, los consumibles y la infraestructura necesaria para estar en un negocio, aunque insuficientes para competir".[15]

Estas aseveraciones nos conducen a afirmar que  el problema de la evaluación del ROI de la formación también necesita un análisis que tenga en cuenta  el tipo de formación. Tomemos como ejemplo dos tipos fundamentales:

1.    Formación para el mantenimiento de competencias
2.    Formación para el cambio y la innovación

La formación para el mantenimiento es aquella que proporciona conocimientos que facilitan la adaptación, para "que el sujeto se enfrente a situaciones problemáticas, tanto prácticas como cognitivas, cuyos rasgos fundamentales se suponen no mudables, y obtenga en ellas resultados ya probados" [16]

Este tipo de aprendizaje resulta básico para cualquier actividad humana y área del conocimiento, es poco inductor de crecimiento y no prepara a los individuos para sobrevivir en un entorno en el que se necesitan soluciones a nuevos problemas "complejos y mudables".

Esencialmente no requiere de un rebuscado sistema de evaluación, en tanto se consideran gastos consumibles  a corto plazo. Por otra parte: "Su rentabilidad está más relacionada con las pérdidas que su ausencia produce - costes de la no intervención - que con el impacto que produce"[17]

Su ausencia puede ocasionar pérdidas de competencias  para el negocio y gastos para actualizarlas.

Por su parte, el aprendizaje innovador aporta al individuo capacidades, habilidades y actitudes que le permiten enfrentar la diversidad de problemas que se le pueden presentar, nuevos o viejos, y encontrarle las soluciones pertinentes. Su carácter proactivo permite anticiparse  a futuros cambios que requieren nuevas formas de conocimiento; este es responsable de la generación del cambio organizativo, su conducción, búsqueda de soluciones y alternativas que atenúen el efecto de los riesgos  que todo proceso innovador engendra.

Mientras que la formación para el mantenimiento  requiere gastos consumibles a corto plazo; una evaluación de la formación para la innovación ha de tener en cuenta lo siguiente: (Mamolar, 2000)[18].

§  Definir las principales necesidades, oportunidades o problemas de aprendizaje, así como los posibles niveles de impacto, de cambio o de mejora relacionados con ellos.
§  Especificar las competencias (conocimientos, habilidades o comportamientos) en relación con ese aprendizaje.
§  Definir qué indicadores nos serán útiles (fiables, coherentes, de coste moderado) para recoger la información esencial de tales cambios.

El enfoque dirigido a valorar el retorno de la inversión desde la perspectiva del tipo de formación requiere conocer cuál necesitan  los individuos y la organización. Cada una de ellas utiliza métodos, indicadores diferentes; de manera que el análisis nos conduce  a la afirmación de que no podemos hablar de evaluación del retorno de la inversión en todos los casos, como muchos pretenden fijar como dogma.

Entonces podemos considerar que no siempre vale la pena evaluar el retorno de la formación; esto está relacionado con la importancia de la formación que se va a impartir y el monto de la inversión  en ella; aspecto que puede ayudar a diferenciar la que es eficaz y rentable de la que no lo es y justifica la evaluación de su impacto y la rentabilidad.

Otra barrera que puede presentarse a la hora de evaluar el retorno de la inversión en formación lo constituye el hecho de que cuando se valora la rentabilidad depende del lugar que cada uno ocupa en la organización: "Usamos valores de medida de la rentabilidad diferentes según el lugar que ocupamos en la empresa, de la misma forma que establecemos objetivos y realizamos planes de actuación acorde con nuestras responsabilidades en la empresa y con sus objetivos y finalidades globales. La formación no se ve igual desde una butaca del consejo de administración que desde el despacho del gerente de una unidad de negocio, de la misma forma que no se ve igual el producto o servicio que se realiza en la empresa o la calidad o la política de selección e incorporación del personal. Debemos ser capaces de adaptar los objetivos y los valores de medida de cada uno de los programas de formación a los diferentes niveles de gestión de la empresa. Sólo así podemos justificar su rentabilidad." (Duart,2002).[19]

La diferencia se hace extensiva hasta los formandos que tienen una percepción distinta, puesto que para ellos los beneficios de la formación sobrepasan aquellos que se traducen en valores monetarios para la organización.

Los individuos capacitados pueden  o no  invertir su capital humano - integrado por la capacidad, el comportamiento y el esfuerzo que el hombre aporta a la organización en un tiempo determinado -.

Esta inversión se realiza condicionada por la idea de las "expectativas intercambiadas" en las que el individuo transfiere a la organización y espera de ella recompensas.

Al respecto señala Davenport (2000): "El trabajador comprometido y consagrado trabaja en aras de la empresa, recibe una recompensa y luego prosigue actuando en interés  de la organización. Sabemos lo que el empleado aporta a la transacción: capacidad, comportamiento, esfuerzo y tiempo. ¿Qué aporta la empresa al individuo a cambio?. La respuesta es esta: los rendimientos de la inversión. En un sentido estricto, este significa el sueldo ganado gracias al capital humano invertido. De manera más amplia, rendimiento de la inversión abarca todos los incentivos requeridos para suscitar un incremento de la inversión del trabajador o evitar su disminución"[20]

El autor señala cuatro categorías de factores relacionadas con el rendimiento de la inversión:

1.   Satisfacción intrínseca en el empleo:

§  Ante reto del trabajo, buen desempeño.
§  Grado de interés del trabajo.
§  Si permite la creatividad.
§  Uso de capacidades valoradas.
§  Volumen de satisfacción personal que otorga el puesto.
§  Interacción social.

2.    Oportunidad de desarrollo:

§  Incremento de capacidades
§  Aumento del volumen de capital humano
§  Nuevas oportunidades de aprender y desarrollo personal
§  Progreso dentro de la organización

3.    Reconocimiento de logros:

§  Compañeros y superiores reconocen su aportación a la organización
§  Respeto de compañeros
§  Poner la estima en función del éxito de la organización
§  Implicación en la declaración de estrategias
§  Reconocimiento del exterior: clientes, amigos, otras organizaciones, la comunidad.

4.    Recompensas económicas:

§  Formas diversas de compensación y beneficios, basados en el rendimiento y la productividad del trabajo.

Como puede apreciarse, los trabajadores capacitados, una vez que invierten su capital humano; esperan menos gratificaciones económicas que de otra naturaleza.

La idea nos conduce a valorar el lugar que ocupan los intangibles, los cuales raras veces aparecen concebidos en las declaraciones monetarias cuando se valora el retorno de la inversión, a partir de su aporte económico.

"Los indicadores financieros están anclados en un modelo de contabilidad que ya tienen varios siglos y fueron pensados para sociedades que valoraban los activos fijos, no los intangibles.

¿Por qué los indicadores financieros ya no alcanzan?

Porque no son suficientes para medir si se están logrando o no ventajas competitivas, las que hoy provienen de: crear valor para los clientes, crear valor de capital intelectual, calidad de servicio, calidad de procesos, tecnología e innovación.

Los indicadores financieros son necesarios, sin embargo, son insuficientes, porque estando inmersos en el año 2000 tenemos claro la existencia de un capital intangible que hoy es necesario medir y que tiene tanto o más valor que el activo inmovilizado, este capital intangible es el capital intelectual que aporta el personal de su empresa..." (Vogel, 2003) [21]

Válganos la extensión de la cita para que nos ayude a enriquecer la idea de lo limitado que resulta evaluar el impacto de un dispositivo de formación solo desde una perspectiva financiera.

El desarrollo social actual le ha otorgado a los intangibles un lugar preponderante, como los principales inductores de beneficios organizacionales; de manera que podemos hablar de una "rentabilidad social" de marcada importancia a la que no podemos ponerle medida.

Esta idea puede verse resumida en la propuesta de Norton y Kaplen (1997) en su modelo de Cuadro de Mando Integral en el que varían la perspectiva de valoración de los activos intangibles; al respecto expresan: "la capacidad de alcanzar ambiciosas metas de los objetivos financieros, del cliente y de los procesos internos depende de la capacidad de crecimiento y aprendizaje de la organización" y agregan: "los objetivos de la perspectiva de aprendizaje y crecimiento proporciona la infraestructura que permite que se alcancen los objetivos ambiciosos en las restantes tres perspectivas".[22], o sea; la perspectiva financiera, la perspectiva cliente y la perspectiva procesos.

Por lo tanto hay un reconocimiento de la posibilidad e importancia de medir el cumplimiento de los objetivos a partir de indicadores no únicamente financieros, entre los que incluyen: capacidades de los trabajadores, las capacidades de los sistemas de información, el clima laboral, motivación, la creatividad del personal, entre otros.

Las reflexiones anteriormente expuestas nos permiten conducirnos por un camino de mayor coherencia a la hora de diseñar el proceso de evaluación de cualquier dispositivo de formación, en la medida en que se considera la posibilidad de medir el impacto de la formación desde diferentes perspectivas; la prioridad de una u otra será decidida por los implicados en correspondencia con las principales necesidades y objetivos de formación individuales, alineados con  las estrategias de la organización.

Mamolar  (2000) [23]enumera muy acertadamente los principales retos que debe asumir un proceso de evaluación en la actualidad:

  1. Desarrollar una teoría y práctica de la evaluación requiere entrar en la problemática más amplia de las estrategias de formación a implantar. La evaluación tiene que estar en correspondencia con el enfoque y el tipo de intervención formativa que se seleccione, como una de sus partes constitutivas.

  1. La planificación de la evaluación es un factor clave de éxito antes de la implementación del programa. El diseño de la evaluación debe hacerse conjuntamente con el de la formación, de manera que preveer los efectos se erige como el primer acto de evaluación.

 Cuando Barbier (1993) se refiere al asunto expresa: "La rentabilidad de las acciones de formación se encuentra en la evaluación; probablemente la evaluación no permite medir la rentabilidad de las acciones, sino que por el contrario la favorece"[24]

  1. Delimitar cuáles son las dimensiones y objetos de evaluación que más nos interesan (inicial, de proceso, de resultado) y seleccionar los indicadores pertinentes constituyen elementos clave de toda evaluación.

Teniendo en cuenta las reflexiones anteriormente expuestas, presentamos un modelo de evaluación  de la formación y su impacto en la organización que recoge algunos de los momentos más importantes del proceso:


 








































ión
Satisfacción cliente
 
 








A MODO DE CONCLUSIÓN

De todo lo expuesto se puede concluir expresando algunas reflexiones generales que nos facilitarán la comprensión de la problemática:

·         El conocimiento del grado de satisfacción solo será posible con un adecuado método de evaluación que abarque todo el dispositivo de formación, desde su concepción hasta los resultados a más largo plazo, de manera que pueda determinarse el verdadero impacto que ha tenido el sistema.

  • El impacto de la capacitación no puede realizarse independiente de la medición de los resultados y los efectos.

  • El impacto de la capacitación en el desempeño organizacional no debe medirse desde una sola perspectiva, sino que debe buscarse un modelo integrado que proporcione un equilibrio entre el pasado (enfoque financiero), presente (enfoque de cliente y proceso),  futuro (enfoque de renovación y desarrollo) y  el impacto hacia la sociedad

  • No pueden preconcebirse variables si no se parte del diagnóstico inicial de la organización y de la determinación de necesidades de capacitación como referente; ya que cada organización tiene su personalidad bien diferenciada.

  • Para comprobar el impacto de la capacitación se necesitan herramientas apropiadas que se correlacionen con el modelo utilizado.

  • La valoración del impacto debe convertirse en un instrumento que pueda ser útil para analizar desde los objetivos primarios establecidos hasta la concepción de recomendaciones priorizadas, apropiadas al sistema, es decir; debe ser una preocupación desde el inicio del proceso, no a posteriori

  • La medición debe verse como un instrumento que aporte datos de la pertinencia del sistema aplicado y sobre la eficiencia de la inversión realizada.

  • El seguimiento  y la evaluación de la capacitación debe contemplar los resultados, los efectos y el impacto, mediante el análisis de: el propio  proceso de capacitación, el individuo  capacitado y la organización.





REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

-         Barbier, J.M. 1993: La Evaluación en los procesos de formación. Temas de Educación.
-         Carrasco,J.C. 2003: Cómo evaluar la rentabilidad y utilidades de la formación. www. educaweb.com.   
-         Davenport, T.O.; 2000: Capital Humano.Creando ventajas competitivas a través de las  personas. Edit.Gestión 2000,España.
-         Duart,J.M. 2002: ROI y e-learning: más allá de beneficios y costes. www.educaweb.com. Extraído 15 de octubre del 2003.
-         Fiol, M. 2000.  La formación acción. Documentos DEADE, Ciudad de La Habana.
-         Golstein, I.L. 1993: Training Organizations. www.Proseres.com,
-         Kirkpatrick, D.L. 1975; Techniques for Evaluating Programs. Partes 1, 2, 3, 4. Evaluating Training Programs ASTD.
-         Mamolar, P.2000: El problema de la rentabilidad de las inversiones formativas: Nuevos enfoques de evaluación. Capital Humano (Esp), No. 132,abril.
-         Norton, D. Y Kaplen, R: 1997: El Cuadro de Mando Integral (The Balanced Scorecard), Edit. Gestión 2000.
-         Pineda, P. 1995: Auditoría de Formación. Ediciones Gestión 2000, S.A
-         Tannenbaurm y Yukl. 1992: Training and Development in  Work Organizations. (EU) Annual Review Psychology, 43.
-         Vargas, J.N. 2003: evaluación de impacto de la capacitación. Una reflexión desde la práctica. www.canalwork.com,
-         Vogel, M.H. 2000: Gerenciar solo por indicadores financieros es un suicidio. www.tablero-decomando.com;



[1] Kirkpatrick, D.L. 1975; Techniques for Evaluating Programs. Partes 1, 2, 3, 4. Evaluating Training Programs ASTD.
[2] Vargas, J.N. 2003: evaluación de impacto de la capacitación. Una reflexión desde la práctica. www.canalwork.com, p:
[3] Golstein, I.L. 1993: Training Organizations. . Citado por Llorens, G. 2003; en Indicadores de calidad en el diseño de la formación continua. www.Proseres.com, p: 3
[4] Tannenbaurm y Yukl. 1992: Training and Development in  Work Organizations. (EU) Annual Review Psychology, 43, pp: 399-441
[5] Fiol, M. 2000.  La formación acción. Documentos DEADE, Ciudad de La Habana. P: 1
[6] Mamolar, P.2000: El problema de la rentabilidad de las inversiones formativas: Nuevos enfoques de evaluación. Capital Humano (Esp), No. 132,abril, pp: 24 – 25.
[7] Carrasco,J.C. 2003: Cómo evaluar la rentabilidad y utilidades de la formación. www. educaweb.com    P:6
[8] Mamolar, P. 2000: Ob cit; pp: 24 - 25
[9] Pineda, P. 1995: Auditoría de Formación. Ediciones Gestión 2000, S.A.;Citada por Mamolar, P. En ob. Cit. P: 25.
[10] Duart,J.M. 2002: ROI y e-learning: más allá de beneficios y costes. www.educaweb.com. Extraído 15 de octubre del 2003, p:1.
[11] Carrasco, J.C. 2003: ¿Cómo evaluar la rentabilidad y utilidad de la formación?.www.educaweb.com; p:4.
[12] Carrasco, J.C. 2003: Ob.cit.; pp: 6-7
[13] Duart, J.M. 2002. Ob.cit. p: 3.
[14] Duart, J.M. 2002. Ob.cit. p: 9.
[15] Mamolar, P. 2000: Ob. Cit.; p: 27
[16] Capella, J .R. 1995: Citado por Mamolar, P. (2000), en Ob. Cit.; p: 27
[17] Mamolar, P. 2000: Ob. Cit.; p: 28
[18] Mamolar, P. 2000. Ob. Cit.; p: 29
[19] Duart, J. M. 2002: Ob. Cit,; pp: 3-4.
[20] Davenport, T.O.; 2000: Capital Humano.Creando ventajas competitivas a través de las  personas. Edit.Gestión 2000,España,p:51. La negrita es nuestra
[21] Vogel, M.H. 2000: Gerenciar solo por indicadores financieros es un suicidio. www.tablero-decomando.com; pp:1-2
[22] Norton, D. Y Kaplen, R: 1997: El Cuadro de Mando Integral (The Balanced Scorecard), Edit. Gestión 2000. Citado por Mamolar, P; en Ob. Cit.;  p: 25
[23] Mamolar, P. 2000: Ob. Cit.;p: 26
[24] Barbier, J.M. 1993: La Evaluación en los procesos de formación. Temas de Educación; p:230.







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